Miel de Abeja


Desde la antigüedad, el hombre ha recolectado la miel de las abejas, como atestiguan las pinturas rupestres de la cueva de la araña en Bicorp- Valencia España. En la edad de bronce, hay evidencias de que el hombre producía colmenas de forma artificial utilizando troncos vaciados de árboles o arcillas. Siendo el único insecto domesticado.

Existen diversas referencias históricas a esta sustancia. Además de las citas bíblicas, muchos otros pueblos, como los antiguos egipcios o los griegos, por ejemplo, se referían a la miel como un producto sagrado, llegando a servir como forma de pagar los impuestos. En excavaciones egipcias con más de 3.000 años fueron encontradas muestras de miel todavía perfectamente conservadas en vasijas ligeramente tapadas. Hipócrates, padre de la medicina, recetaba miel para tener mayor longevidad, que la consumian los atletas.

Son conocidas diversas variedades de miel que dependen de la flor utilizada como fuente de néctar y del tipo de abeja que la produjo, pero como éstas la fabrican en cantidad cerca de tres veces superior de que necesitan para sobrevivir, siempre fue posible, primeramente, recogerse el exceso de ésta para el ser humano y más tarde realizarse la creación de las abejas para el fin específico de obtener la miel, que es conocido como apicultura.

Hipócrates, padre de la medicina, recetaba miel para tener mayor longevidad, que la consumian los atletas. La miel es una sustancia muy dulce, con poder edulcorante, con virtudes dietéticas y terapéuticas, es el producto alimenticio que producen las abejas a partir del néctar de las flores, de las secreciones procedentes de las partes vivas de las plantas o que se encuentran sobre ellas, almacenando y dejando madurar en los panales de la colmena.

La miel es un producto biológico que varia notablemente en su composición como consecuencia de la flora de origen, de la zona, y de las condiciones climáticos.
La diferencia entre una miel y otra depende sobre todo de la calidad y cantidad de las plantas que florecen y producen néctar en el mismo periodo. En muchos casos, hay una fuente principal que predomina netamente sobre las demás y confiere a la miel sus notables características. La miel tiene sus cualidades reconocidas y utilizadas por los seres humanos, desde tiempos remotos, como alimento y para endulzar naturalmente con poder de endulzar dos veces mayor que el azúcar de caña.
Composición de la miel y parámetros de la calidad de la miel.

Agua: El contenido de agua es una de las características mas importantes porque influye en el peso especifico, en la viscosidad, en el sabor, y condiciona por ello la conservación, la palatabilidad, la solubilidad y, en definitiva el valor comercial.

Carbohidratos: Los azucares representan del 8O al 82 % del total. Los dos monosacáridos glucosa y fructuosa constituyen el 85 al 95 % de los azucares totales; en la mayor parte de las mieles la fructosa predomina sobre la glucosa. El contenido de la sacarosa es generalmente inferior al 3 %.

Proteínas: Son componentes que se encuentran en muy poca cantidad, y su presencia es debida a los granos de polen que se encuentran en la miel.

Sales minerales: Su contenido varia notablemente con relación al origen botánico, a las condiciones edaficoclimáticas y a las técnicas de extracción. El elemento dominante es el potasio seguido del sodio calcio fósforo magnesio manganeso silicio hierro y cobre.

Vitaminas: Las vitaminas presentes provienen del néctar de las flores y del polen presente en la miel.

Enzimas: La miel contiene enzimas de origen animal y vegetal. Las más importantes son las amilasas que hidrolizan el almidón en glucosa y la invertasa o sacarasa que hidroliza la sacarosa en fructosa y en glucosa, ambas son inestables al calor.

VALOR NUTRITIVO DE LA MIEL DE ABEJA
En 100 g.

Humedad 17.2 g
Proteína 2.2 g
Hidratos de carbono 78.0 g
Grasa 0.0 g
Valor energético 302 Kcal
Porción comestible 100%

MINERALES:
Calcio 20.0 mg
Fósforo 16.0 mg
Hierro 0.8 mg
Magnesio 3.0 mg
Sodio 5.0 mg
Potasio 51.0 mg

VITAMINAS:
Acido ascórbico 4.00 mg
Tiamina 0.01 mg
Riboflavina 0.07 mg
Niacina 0.20 mg



Composición

Los componentes más usuales de la miel se muestran en la siguiente tabla:


componente

rango

contenido típico

agua

14 - 22 %

17%

fructosa

28 - 44 %

38%

glucosa

22 - 40 %

31%

sacarosa

0,2 - 7 %

1%

maltosa

2 - 16 %

7,5%

otros azúcares

0,1 - 8 %

5%

proteínas y aminoácidos

0,2 - 2 %

 

vitaminas, enzimas, hormonas
ácidos orgánicos y otros

0,5 - 1 %

 

minerales

0,5 - 1,5 %

 

cenizas

0,2 - 1,0 %

 

La humedad es un componente fundamental para la conservación de la miel. Mientras el porcentaje de humedad permanezca por debajo de 18% nada podrá crecer en ella. Por encima de ese valor pueden aparecer procesos fermentativos.
El contenido en minerales es muy pequeño. Los más frecuentes son calcio, cobre, hierro, magnesio, manganeso, zinc, fósforo y potasio. Están presentes también alrededor de la mitad de los aminoácidos existentes, ácidos orgánicos (ácido acético, ácido cítrico, entre otros) y vitaminas del complejo B, vitamina C, D y E. La miel posee todavía una cantidad considerable de antioxidantes (flavonoides y fenólicos).

Terapeútica
Tiene muchas propiedades terapeúticas. Se puede usar externamente debido a sus propiedades antimicrobianas y antisépticas. Así, la miel ayuda a cicatrizar y a prevenir infecciones en heridas o quemaduras superficiales. También es utilizada en cosmética (cremas, máscarillas de limpieza facial, tónicos, etc.) debido a sus cualidades astringentes y suavizantes.
Debido a su contenido de azúcares simples, de asimilación rápida, la miel es altamente calórica (cerca de 3,4 kcal/g), por lo que es útil como fuente de energía.

La miel no se echa a perder. Gracias a su alta concentración de azúcar, mata a las bacterias por lisis osmótica. Las levaduras aerotransportadas no pueden prosperar en la miel debido a la baja humedad que contiene. Los traslados de cuerpos humanos en la antigüedad se hacían sumergidos en miel; por ejemplo Alejandro Magno fue trasladado desde Babilonia hasta Alejandría en Egipto en el 323 adC y el de Agesilao, rey de Esparta, desde Egipto hasta su ciudad natal en el 360 adC, utilizándose miel para evitar la descomposición. El efecto preservante de la miel se debe a su baja concentración de agua y es idéntico al que permite la prolongada conservación de los dulces y de las frutas en almíbar donde el alto contenido en azúcar disminuye el contenido de agua.